viernes, 23 de noviembre de 2007

Felix Guattari - El Inconsciente Esquizoanalítico.


Guattari. El Inconsciente Esquizoanalítico.
Zona Erógena. Nº 8. 1991.
EL INCONSCIENTE ESQUIZOANALÍTICO
GUATTARI
El termino "inconsciente" sólo es mantenido aquí por
conveniencia. En realidad el campo del esquizoanálisis trasciende a
aquel que los psicoanalistas consideran como el suyo, a saber:
1) Una performance oral individual, basada generalmente en Un
cierto modo familiarista de ser de la subjetividad, en el contexto de
las sociedades desarrolladas.
2) Manifestaciones afectivas circunscriptas al espacio
de la Cura.
El esquixoánálisis hace, por el contrario, un esfuerzo de
movilización de las formaciones colectivas y/o individuales, objetivas
y/o subjetivas, de los devenires humanos y/o animales, vegetales,
cósmicos... se interesa por una diversificactón de medios de
semiotización y rechaza cualquier centramiento de la subjetividad en
la persona supuestamente neutra y benévola de un psicoanalista.
Abandona, por lo tanto, el terreno de la interpretación significante por
aquel de la exploración de los agenciamientos de enunciación, los
cuales concurren para la producción de “afectos subjetivos” y “efectos
máquínicos” (me refiero a todo aquello que envuelve una vida
procesual, una problemática que se aparte por poco que sea, de las
redundancias estratificadas, un philum evolutivo, sea que su
naturaleza fuera: biológica, económica, social, religiosa, estética,
etc.)
Significaría eso que, en ese campo, cualquier perspectiva de aval
y de prescripción científica está definitivamente descartada?
Se podría concebir la reconstrucción de un modelo de inconsciente
que renuncie al parámetro libidinal oculto (que, de hecho, escapaba a
cualquier prueba concebible de falsabilidad) sin dejar por eso de
conferir un estatuto de pleno derecho a las "energéticas" (en plural)
físicas, biológicas, sexuales, sociales, económicas, etc.? En sí misma,
la hipótesis de una "descarga" energética asociada a cada operación
psíquica no era absolutamente insensata. Sólo era legítimo desconfiar
de ella a partir del momento en que inducía a una exportación de
conceptos termodinámicos hacia afuera del campo de validez de
origen, conceptos que habían sido establecidos exactamente de modo
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de excluir los "objetos incorporales" y los "procesos disipativos"
propios de la vida orgánica y psíquica. La universalidad de los
principios de convertibilidad y del aumento en el transcurso del
tiempo, de la entropía que le es correlativa, solo se "aseguran" en el
cuadro de agenciamientos de enunciación técnico- científicos bien
especificados. Aparte, imagino que nadie dudaría de que en la vida
ordinaria,, principalmente en la vida del deseo, las descargas
energéticas dependan más de un principio de defensa que de un
principio de equilibrio y de constancia.
Propongo entonces la sustitución de la concepción de un
inconsciente fundado sobre una economía de cantidades pulsionales y
una dinámica de representaciones conflictuales por un modelo
transformacional tal que en ciertas condiciones, los territorios del
"Ego", los "universos" de la alteridad, las complexiones de flujos
materiales, las “máquinas de deseo”, los agenciamientos semióticos,
icónicos, de intelección, etc., puedan engendrarse unos a otros. Acá
ya no se trata más de atenerse a la forma de las instancias circuns-
tanciales y sociales de acceder a las transmutaciones, a las
"transducciones" de sus sustancias...
Nuestra psicofísica se separa de aquella a la cual se refería Freud
en su rechazo considerar un sustrato material y energético único. Ella
no postula un dualismo maniqueísta entre aquello que podríamos
llamar una "inercia energética" indiferenciada y un "alma" subjetiva
creadora de diferenciación. Antes de la instauración de una materia y
de una extensión en las dimensiones energético- espacio- temporales
del mundo físico, ella parte de transformaciones que se instauran al
mismo tiempo entro., los dominios más heterogéneos que se pueda
concebir. Propone diversas modalidades de transversalidad entre ta-
les dominios.
Lo que también distingue en el plano metodológico a nuestro
proyecto de cartografía de los "efectos" y de los "afectos" de las
perspectivas científicas anteriores en ese dominio es que su
cuantificación será diferente, tanto de las cuantimetrías físicas como
de las cuantificaciones lógicas tradicionales. Solo tendrá por objeto
conjuntos cualificados de manera unívoca, esto es, conjuntos cuyos
elementos fueran previamente recogidos de manera exahustiva, de
modo que siempre se pueda saber, sin ambigüedad, si determinado
elemento es parte de ellos o no. Se liga a agenciamientos que pueden
estar sujetos a transformaciones radicales, a escisiones, o a
concordancias que cambian su configuración, a "reordenaciones por
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fluctuación", etc. Esa ubicuidad y esa multivalencia de las entidades
esquizoanalíticas —de las que podemos tener una ilustración en el
sueño pero también una intelección en estado naciente— permanecen
irreductibles. "Mónadas" a la manera de Liebniz o "miríadas" a la
manera de Michel Serres, esas entidades no dependen sólo de una
simple pertenencia a "subconjuntos flous'", suceptibles de ser
"cercados" por una aproximación probabilística o modal, sino de un
plano general de inmanencia que las implica a todas en relaciones de
presuposición, las cuales serían consideradas como niveles de
consistencia energética. Entretanto, tal vez sea preferible tomar las
cosas a la inversa y colocar cual es la fractura que cada una de esas
entidades provoca en ese "plano de consistencia" que manifiesta
niveles energéticos específicos. Sea como fuere, esas entidades
intensivas, y los quantos energéticos relativos a la consistencia de las
inter- relaciones (reales y virtuales) sólo podrán ser discernidos a
través de los agenciamientos complejos que las semiotizan. Podemos
notar que la semiótica en cuestión no es más, como en la tradición
saussuriana, un gran suburbio de la lingüística. Podemos imaginarla
preferentemente desde la perspectiva de su fundador Charles
Sanders Peirce como una ciencia enciclopédica de los fenómenos de
expresión, una "phaneroscopia". Ella toma prestado, también, ciertas
categorías de la glosemática de Louis Hjelmslev que preconizaba una
apertura semiótica de la lingüística más amplia pues él la concibe
desde una perspectiva fundamentalmente "inmanentista".—
Este texto, establecido por la Psicoanalista/Psicóloga Social
brasilera SUELY ROLNIK, pertenece al excelente libro
"MICROPOLITICAS DEL DESEO" de Félix Guattari y S. Rolnik.
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